Hace poco descubrí que mi introspección, mi extraña forma de empatizar con el mundo, mi verborrea, mi inconstancia a la hora de llevar a cabo proyectos sin una fecha límite muy, pero que muy, clara, tenía un nombre dentro de la psicólogía.
Mi cabeza no para y tengo que frenar mi rio de palabras, me siento culpable si suelto demasiada información de la que había planeado. Pero, bueno, a veces hay que abrazar el caos y reconocer que mostrarse vulnerable está bien. Descansar y dejar de culpabilizarse.


