Si a tí como a mí te ha costado, pongamos por caso, aprender un idioma como el alemán, unámonos y digamos al mundo:
NO TENGO QUE HABLAR UN ALEMÁN PRONUNCIADO Y PERFECTO GRAMATICALMENTE. BASTA CON QUE SE ME ENTIENDA
Ponte en mis zapatos y entonces hablamos. Ni un paso atrás ante aquellos que nos hagan sentir mal porque no hablamos bien, o no nos han entendido.